¡Estoy mejor a los 65 de lo que estaba a los 30, y todo gracias al ejercicio físico!

Imagen publicada con la autorización de la paciente.

María Josep Manso, Administrativa

Me diagnosticaron artrosis a los 27, pero estoy convencida de que la mía es de nacimiento. Desde pequeña, siempre veía como los vestidos me colgaban más de un lado que del otro, y que una pernera del pantalón me quedaba siempre más larga.

A los 12 años, empecé a sentir dolor de espalda, y a los 14 ya padecía de ciática y de lumbago y seguía un tratamiento con cortisona. Como siempre había sentido dolor, convivir con él era para mí algo normal.

Cuando me casé, con 27, volvieron las crisis de ciática y lumbago, y el médico entonces me dijo que tenía una cadera desviada.  Me recomendó que hiciera mucho ejercicio, y rebajara la medicación para evitar los efectos secundarios que provocaban.  Con mi segundo embarazo en curso es cuando di el paso y me hice las pruebas; tenía una cadera 3 centímetros más baja que la otra, y ese era el motivo que limitaba mi movilidad.

Hacía recuperación en casa, y mucho ejercicio, porque si no la lumbalgia atacaba de nuevo. Así, con el tiempo, ganaba en agilidad y tenía menos crisis. A los 50 años descubrí la natación, y desde entonces nado periódicamente y siento que me va muy bien para la cadera, la espalda y las manos. Suerte que hago muchas actividades, porque de no ser así, ¡estaría invalidada ya!

Al principio tomaba muchos medicamentos, pero con los años me han ido diagnosticando otras enfermedades, como la fibromialgia, por lo que el médico me ha reducido los fármacos para que no actúen contrariamente o me provoquen efectos indeseados.

¡Estoy mejor a los 65 de lo que estaba a los 30, y todo gracias al ejercicio físico! Con los años tengo artrosis también en las cervicales, pero nadar de espalda, o usar las almohadas que se usan en los viajes de avión me ha servido para vivir con ello. El dolor ha sido una constante a lo largo de mi vida, y la capacidad de resistencia a este dolor ha incrementado hasta el punto que sólo sufro cuando tengo una crisis.

Conocí la Lliga Reumatològica hace 12 años, porque me lo recomendó el médico, y desde entonces, me siento muy acompañada. A base de hacer amistades, terapia, los grupos de ayuda mutua y las actividades constantes me recuperé y ahora organizo yo algunas de las actividades, como el country. Y es que llega un momento que te sientes inútil, con la autoestima por los suelos, y necesitas que te saquen de este bucle. Participar haciendo clases de baile, como hago yo, hace que sientas que has encontrado tu lugar. En casa no te entienden, porque no lo padecen, pero aquí puedes desahogarte y sentirte comprendida.

La Lliga ha hecho que la convivencia en mi casa sea mejor, porque ya no explicas las penas que sufres con tu enfermedad, si no las actividades que has hecho ese día. Por eso mi consejo a todas aquellas personas que padezcan artrosis es que busquen apoyo social, en organizaciones o grupos como la Lliga, y que no se aíslen.

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