Un caso de artrosis para el Dr. House

Autor: Josep Corbella (Periodista científico de La Vanguardia)

Tal vez hayan oído el caso del paciente alemán curado gracias al doctor House. Es la historia de un paciente real, presentado en la revista médica The Lancet, que contiene dos pequeñas lecciones para personas con artrosis.

houseUN EXTRAÑO CASO CLÍNICO. El protagonista es un hombre que empieza a encontrarse mal a mediados del 2011, cuando tiene 54 años. Sufre fiebre, fatiga, problemas de oído, pérdida de visión… Acude al médico de cabecera, al oftalmólogo, al otorrinolaringólogo… Nadie encuentra explicación a lo que le ocurre. Ni antecedentes familiares, ni una infección, ni nada destacable en ninguna prueba de diagnóstico.

Le detectan, eso sí, un mal funcionamiento de la glándula tiroides, que explicaría su cansancio, pero no sus otras dolencias. El corazón le empieza a fallar sin que los médicos averigüen por qué. Le diagnostican insuficiencia cardíaca.

En su historia clínica se cita que tiene artrosis y que diez años atrás le implantaron prótesis en ambas caderas. Después, a causa de un accidente, se le rompió la prótesis izquierda y se le tuvo que sustituir a finales del 2010. Nada que ver, aparentemente, con sus muchos problemas de salud.

Peregrina de médico en médico mientras su salud se deteriora rápidamente. En mayo del 2012, un año después del inicio de los síntomas, le derivan al Centro de Enfermedades No Diagnosticadas de Marburgo, que está especializado en casos difíciles. Está entonces casi ciego, casi sordo y al borde de la muerte por la insuficiencia cardíaca.

El médico que dirige el centro, Juergen Schaefer, es un personaje singular. Fan de House, utiliza episodios de la serie en sus clases para enseñar a los estudiantes de medicina lo complejo que es el cuerpo humano.

Al estudiar el caso de su nuevo paciente, a Schaefer le viene a la mente un episodio de House. Concretamente, un episodio de la séptima temporada titulado “Médico de familia” en el que una mujer con un problema de corazón y varios síntomas aparentemente inconexos sufre una intoxicación por cobalto causada por una prótesis metálica defectuosa.

dolorEl paciente alemán, descubre Schaefer, también lleva una prótesis metálica hecha con cobalto. Es la que le implantaron en noviembre del 2010, medio año antes del inicio de los síntomas, para sustituir la que se había roto en un accidente.

Una radiografía de la cadera revela que la prótesis está deteriorada. Un análisis de sangre confirma que el nivel del metal que le circula en la sangre multiplica por mil la cantidad máxima recomendada. Al paciente se le sustituye la prótesis metálica por otra de cerámica y sus síntomas empiezan a remitir, aunque algunos efectos de la intoxicación por cobalto, como la pérdida de oído y de visión, son irreversibles. Caso resuelto.

¿PRÓTESIS METÁLICAS? EXCELENTES SI SE UTILIZAN BIEN. Me puse en contacto con Schaefer cuando presentó el caso en The Lancet y me advirtió que la intoxicación por cobalto ocurre pocas veces pero, cuando ocurre, puede llegar a ser muy grave. “En nuestro centro conocemos cinco casos de pacientes con problemas derivados del cobalto”, explicó en un correo electrónico. “Espero que este caso ayude a concienciar sobre los efectos secundarios potenciales de los implantes metálicos”.

No es que los implantes metálicos sean desaconsejables. Al contrario, hay casos en que son la mejor opción. En particular, se implantan en personas relativamente jóvenes físicamente activas. Pero no deben implantarse para sustituir una prótesis anterior de cerámica, que es el error que se cometió con el paciente alemán, ya que los restos de cerámica que queden en la articulación pueden erosionar la pieza metálica. Incluso en los casos en que se implantan correctamente, conviene seguir unas precauciones básicas para prevenir cualquier posible intoxicación por cobalto.

Tras contactar con Schaefer, consulté al traumatólogo Rafael González-Adrio, director de la Adrio Clínic en la clínica Teknon de Barcelona y especialista en prótesis de cadera. “Las prótesis no liberan metales a la sangre cuando están bien implantadas –me tranquilizó-. Pero podrían hacerlo en algún caso en que sean defectuosas o en que queden colocadas con una orientación que no es idónea”.

Para prevenir complicaciones, un comité de expertos europeos elaboró un documento de consenso en un congreso celebrado hace dos años en Bélgica sobre el seguimiento que debe hacerse a los pacientes a los que se implanta una  prótesis con cobalto. El seguimiento incluye análisis de sangre para comprobar el nivel del metal en la sangre. Estos análisis están especialmente indicados en pacientes que sienten dolor tras serles implantada la prótesis.

Esta es la primera lección que puede extraerse del caso del paciente alemán: tras implantar una prótesis metálica conviene hacer un seguimiento de cada caso para detectar precozmente cualquier problema que pueda surgir. “Si el seguimiento se hace bien, las prótesis metálicas son muy seguras”, sostiene González-Adrio, quien ha implantado más de mil prótesis de cadera. “Me he encontrado con algún caso en que he tenido que sustituir una prótesis metálica, pero no he visto ni un solo paciente con intoxicación por cobalto”.

NO ES UNA ENFERMEDAD MENOR. La segunda lección se refiere al error de ningunear la artrosis como una enfermedad menor. Es cierto que no tiene la carga emotiva del cáncer, ni el dramatismo del alzheimer, ni la mortalidad de las enfermedades cardiovasculares. Pero, como todas ellas, la artrosis puede derivar en problemas de salud de extrema gravedad. La diferencia, por supuesto, es que las consecuencias graves de la artrosis son indirectas, mientras que el cáncer o el infarto son una causa directa de muerte o discapacidad.

Más allá del caso excepcional de la intoxicación por cobalto, una articulación dañada por la artrosis limita la movilidad, lo cual lleva con frecuencia a un empeoramiento de los niveles de colesterol, un mal control de la diabetes, un aumento de peso, un mayor riesgo cardiovascular, un malestar psicológico y una merma sustancial de la calidad de vida. Ninguna de estas consecuencias es menor. Y ninguna de ellas es inevitable si se mejoran la prevención, el diagnóstico precoz y el tratamiento de la artrosis gracias a una mayor concienciación sobre sus riesgos para la salud a largo plazo.

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