La huella de la artrosis en el cerebro

Autor: Josep Corbella (Periodista científico de La Vanguardia)

El dolor es el problema que más afecta a la calidad de vida de las personas con artrosis. Sin embargo, es uno de los que menos se ha estudiado. Afortunadamente, investigaciones realizadas en los últimos cinco años gracias a nuevas técnicas de imagen del cerebro han empezado a llenar este vacío. Ahora, un nuevo estudio coordinado desde el hospital del Mar de Barcelona aclara cómo experimentan el dolor las personas con artrosis y cómo puede mitigarse con un tratamiento farmacológico.

Cómo se hizo el estudio

neuronasEn el estudio se pidió a 25 voluntarios con artrosis de rodilla que se dejaran aplicar un estímulo doloroso junto a la rótula mientras se registraba la actividad de su celebro con resonancia  magnética funcional. La intensidad del estímulo se moduló según la sensibilidad de cada persona. En todos los casos se presionó la rodilla hasta que el voluntario dijo que sentía bastante dolor: se le pidió que puntuara la el dolor en una escala de 0 a 10 y se le incomodó hasta alcanzar una intensidad de entre 5 y 7.

Se repitió la operación tres veces para cada paciente a lo largo de cuatro semanas. Una tras haber tomado el antiinflamatorio naproxeno. Otra, tras haber tomado un placebo que tenía la misma apariencia, de modo que no podía saberse cuándo se había tomado el fármaco y cuándo el placebo. La tercera, tras no haber tomado nada.

Pregunté al doctor Jordi Monfort, reumatólogo que ha dirigido el estudio, qué les había parecido a los pacientes el hecho de que les provocaran dolor. “Al terminar el estudio, la mayoría nos pidió que, si podían ayudar en otra investigación más adelante, les llamáramos”, contestó. “Son pacientes concienciados que están encantados de poder ayudar”.

Tres tipos de dolor

Según los resultados que se acaban de presentar en la revista The Journal of Rheumatology, el dolor es una experiencia compleja en la que se combinan tres reacciones distintas. Aunque las percibimos subjetivamente de manera integrada, y nos puede resultar difícil distinguirlas,  el cerebro las procesa por separado.

Por un lado, el dolor tiene un componente puramente sensorial. Se trata de la parte más básica y primitiva del dolor y se procesa en el centro del cerebro, en la estructura del tálamo.

Cuando se aplica un estímulo doloroso a una rodilla con artrosis se activan también otras áreas del cerebro involucradas en el procesamiento de emociones, como la ínsula o el córtex cingulado anterior. El dolor sensorial se acompaña así de un sufrimiento emocional.

A todo ello se suma la activación de áreas del córtex frontal,  que se encuentra en la parte más anterior del cerebro. Allí se procesa el componente cognitivo del dolor, es decir, el que se refiere a cómo tomamos conciencia del dolor y cómo nos adaptamos a él.

La sorpresa del placebo

Un segundo resultado llamativo del estudio es la enorme importancia que tiene el efecto placebo. A veces se subestima el placebo como un autoengaño de personas de carácter débil y como un fenómeno de efecto menor. El estudio del hospital del Mar muestra que el efecto placebo nada tiene que ver con la fortaleza de carácter, que su efecto no es menor y que puede ser un gran aliado de la medicina para ayudar a los pacientes a encontrarse mejor.

Si el efecto placebo fuera anecdótico, no debería provocar un cambio sustancial en la actividad del cerebro -por lo menos, no en la mayoría de pacientes-. Sin embargo, las imágenes de resonancia magnética muestran de manera inequívoca que el efecto placebo altera la actividad cerebral en los circuitos del dolor. Y que, después de tomar un placebo, esta actividad cerebral se parece más a la que se registra después de tomar un fármaco que después de no haber tomado nada.

Curiosamente, cuando se compara la actividad del naproxeno en el cerebro con la del placebo, se observa que el antiinflamatorio inhibe más el componente sensorial del dolor (aunque también modula los aspectos emocional y cognitivo), mientras que el placebo inhibe sobre todo los componentes emocional y cognitivo (aunque también tiene actividad en el tálamo, allí donde se procesa el dolor sensorial). El efecto en ambos casos acaba siendo el mismo: tanto el naproxeno como el placebo atenúan la experiencia subjetiva del dolor.

resonancia

Mejorar los tratamientos

Más allá de comprender cómo las personas con artrosis procesan el dolor, la investigación es útil porque demuestra que la resonancia magnética funcional permite estudiar con precisión la actividad de los fármacos analgésicos.

Hasta ahora, la eficacia de estos fármacos debía evaluarse a partir de percepciones subjetivas de los pacientes. Dado que el dolor es una experiencia personal e intransferible, y que no hay modo de saber a quién le duele más y a quién le duele menos un estímulo, los resultados tenían un amplio margen de incertidumbre.

Pero con la resonancia magnética funcional, ahora es posible registrar de manera objetiva la acción de los fármacos contra el dolor. Se podrá investigar, de este modo, sobre qué componente específico del dolor es más eficaz cada fármaco. Todo ello debería favorecer la mejora de los tratamientos analgésicos para las personas con artrosis.

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