Prótesis de rodilla: quién debe operarse y quién no

Autor: Josep Corbella (Periodista científico de La Vanguardia)

La cirugía para implantar una prótesis se ha convertido en el tratamiento convencional para personas con artrosis de rodilla avanzada. Sin embargo, no es una cirugía inocua y existen tratamientos alternativos no quirúrgicos. Hasta ahora ningún estudio había comparado de manera rigurosa los beneficios y riesgos de las prótesis de rodilla frente a los de estos tratamientos alternativos. Médicos del hospital Universitario de Aalborg, en Dinamarca, han realizado ahora este estudio para aclarar en qué casos es conveniente una prótesis de rodilla y en qué casos puede ser preferible un tratamiento no quirúrgico. Los resultados, presentados en la revista The New England Journal of Medicine, indican que la respuesta depende de las preferencias y los valores de cada paciente. La decisión de operar o no operar, concluyen los autores del estudio, debe ser compartida entre médico y paciente valorando los pros y contras de la intevención.

PROS Y CONTRAS DE LAS PRÓTESIS DE RODILLA

La cirugía para implantar prótesis de rodilla -o artroplastia de rodilla- consiste en eliminar el tejido óseo dañado del fémur, la rótula y la tibia y sustituirlo por una articulación artificial formada por metales y plásticos de alta calidad. La introducción de esta técnica en los años 70 mejoró la vida de miles de pacientes con artrosis, que hasta entonces apenas podían salir de casa y que recuperaron la capacidad de caminar sin dolor y de ser autónomos.

Pero la técnica no funciona igual de bien en todo el mundo. Alrededor de un 20% de personas operadas siguen teniendo dolor durante por lo menos seis meses después de la intervención. Y entre un 0,5% y un 1% fallecen por complicaciones de la cirugía, como una infección o un problema de coagulación de la sangre, con un riesgo más alto para pacientes de edad avanzada o que tienen otras enfermedades además de la artrosis.

¿QUÉ TRATAMIENTOS ALTERNATIVOS HAY?

Durante años, la cirugía se había considerado la única opción para casos de artrosis de rodilla que causan dolor y discapacidad. Ahora la Sociedad Internacional de Investigación de la Artroris (OARSI) y la Liga Europea contra el Reumatismo (EULAR) recomiendan también otros tratamientos en base a los estudios científicos que han demostrado su eficacia.

Estos tratamientos alternativos a la cirugía incluyen actividad física moderada para mantener la articulación activa, dieta para reducir la carga que soporta la rodilla, fármacos para controlar el dolor, plantillas para mejorar la alineación de los huesos durante la marcha y actividades educativas para que los pacientes aprendan a manejar mejor la artrosis.

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¿CÓMO SE HA HECHO EL NUEVO ESTUDIO?

El nuevo estudio ha comparado la eficacia y los efectos secundarios de la cirugía con la de los tratamientos alternativos en cien pacientes de Dinamarca que tenían artrosis de rodilla entre moderada y grave. Los participantes en el estudio se dividieron en dos grupos: a la mitad se les asignó una prótesis de rodilla y a la otra mitad, un tratamiento no quirúrgico. Tenían una media de edad de 66 años, un índice de masa corporal de 32 (que corresponde a obesidad moderada) y el 62% eran mujeres. No se incluyeron casos de artrosis muy avanzada con dolor difícil de controlar, en los que se considera que no hay alternativa a la cirugía.

¿CUÁLES SON LOS RESULTADOS?

Según los resultados presentados en The New England Journal of Medicine, si se analizan todos los pacientes del estudio en conjunto, la cirugía resulta más eficaz que los tratamientos no quirúrgicos para aliviar el dolor, así como para mejorar la calidad de vida y la función de la articulación. Pero si se analizan los resultados a nivel individual, se observa que un 68% de las personas que recibieron terapias alternativas habían mejorado un año después de iniciar el tratamiento, frente al 85% de los que habían recibido cirugía. Las terapias alternativas, por lo tanto, funcionan en alrededor de dos tercios de los pacientes, por lo menos a un año vista.

La cirugía, además, comporta un riesgo mayor de efectos secundarios graves. En los doce meses posteriores a la intervención, se registraron 24 problemas de salud graves en el grupo de personas que se habían operado. No todos estos problemas tienen por qué ser consecuencia de la cirugía. Pero entre ellos hubo tres casos de trombosis venosa profunda, tres de complicaciones gastrointestilanes, una infección grave, una fractura de fémur en la zona contigua a la prótesis… En el grupo de personas que recibieron tratamientos alternativos, sólo se registraron seis problemas de salud graves.

En resumen, de la cirugía puede esperarse un mayor beneficio y también un mayor riesgo de complicaciones.

¿QUÉ DECISIÓN TOMAR?

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Imagen de Fpjacquot (CC BY-SA 3.0)

¿Dónde nos dejan estos resultados de cara a recomendar o desaconsejar una prótesis de rodilla? ¿Es mejor operarse o es mejor esperar a ver cómo progresa la artrosis? No hay una respuesta única que sea válida para todos los afectados. La respuesta más precisa que se puede dar es depende.

Depende de cada paciente. De su tolerancia al dolor de la artrosis, de su disposición a aceptar las complicaciones de la cirugía y de la importancia que le dé a tener una rodilla funcional que le permita moverse con más facilidad. Depende, en definitiva, de factores individuales.

“Nuestros resultados -concluyen los investigadores- subrayan la importancia de tener un cuenta las preferencias y los valores de los pacientes en una toma de decisiones compartida con el médico” a la hora de elegir si es mejor operarse o no.

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