Musicoterapia: también para la artrosis

Cada vez más centros de salud y hospitales emplean la música como terapia para el tratamiento de afecciones crónicas, tanto físicas como psíquicas: hipertensión, cardiopatías, oncología, artrosis. Se ha demostrado que la música de ritmo lento ayuda a reducir el ritmo cardíaco, lo cual es beneficioso para la hipertensión. En el Hospital Puerta del Hierro de Madrid, por ejemplo, la asociación Música en Vena lleva música a los pacientes ingresados, aprovechando el efecto calmante de la música para reducir la ansiedad de los pacientes y disminuir su sensación de aislamiento. También se ha demostrado que escuchar nuestra música favorita puede acelerar la recuperación de diversos trastornos como parálisis, migrañas o hemorragias debilitantes. Asimismo, escuchar música o tocar un instrumento mejora nuestra capacidad de aprendizaje: la música es una de las pocas actividades que implican el uso de todo el cerebro, con lo que nos relaja y mejora la concentración para el estudio, reduce la tensión muscular y mejora la coordinación.

musicoterapia

Música y artrosis

La música también se emplea para el tratamiento del dolor crónico como el provocado por la artrosis. Según un estudio llevado a cabo en Florida, EE. UU, escuchar música 20 minutos al día alivia el dolor crónico asociados a esta enfermedad. Participaron en el estudio un grupo de ancianos mayores de 65 años aquejados de artrosis. Estos fueron divididos en dos grupos, uno de los cuales escuchó cada día una selección de tres piezas de Mozart durante 14 días seguidos, mientras que el grupo de control descansaba. Los participantes debían escuchar música sentados en un lugar confortable y sin otras distracciones (lectura, televisión). Se eligió a los participantes en función de si tenían preferencia por la música clásica. El grupo que escuchó la música mozartiana experimentó una reducción del dolor articular mientras que el segundo grupo no experimentó mejoras significativas. Según los autores del estudio, esto se debería a que escuchar una música agradable hace que nuestro organismo libere endorfinas, reduciendo el dolor y la ansiedad.

Bailar también nos ayuda a mejorar nuestra coordinación y hacer ejercicio, que también se ha demostrado muy útil para retrasar la aparición y la progresión de la enfermedad. Bailando hacemos música y ejercicio, combinando el efecto beneficioso de ambos.

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