El cartílago es para toda la vida

Autor: Josep Corbella (Periodista científico de La Vanguardia)

 

¿Se puede regenerar el cartílago después de que se haya estropeado? Es la pregunta que se han propuesto responder Michael Kjaer y su equipo de la Universidad de Copenhague. Se han interesado por la cuestión porque la degradación del cartílago es la característica principal de la artrosis y regenerarlo se ha visto como el objetivo de futuros tratamientos para curarla. Pero hasta ahora no se sabe cómo estimular los mecanismos de reparación del cartílago. De hecho, no se sabe si el cartílago dispone de estos mecanismos. No se sabe hasta qué punto se renueva a lo largo de la vida en una articulación sana ni si se renueva en una con artrosis. En busca de una respuesta, Kjaer y su equipo han recurrido a una fuente de información insólita: las bombas nucleares que se hicieron explotar durante la Guerra Fría.

BOMBAS NUCLEARES. Los ensayos de bombas nucleares, en los que Estados Unidos y la Unión Soviética se prodigaron a mediados del siglo pasado, liberaron a la atmósfera cantidades ingentes de carbono 14. Se trata de un tipo de átomo de carbono que tiene ocho neutrones en el núcleo en lugar de los seis habituales. Una vez liberado, el carbono 14 de las explosiones nucleares se incorporó a moléculas de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera. A partir de allí pasó a las plantas que respiraron esas moléculas y después a otros seres vivos que se alimentaron de aquellas plantas. Entre ellos, las personas que vivían en los años 50 y 60, cuando se realizaron la mayoría de ensayos nucleares antes de que se acordara prohibirlos.

Así, analizando la proporción de carbono 14 en los distintos tejidos de una persona, se puede deducir cuándo se formó aquel tejido. La técnica se basa en que la cantidad carbono 14 en la atmósfera aumentó rápidamente hasta 1963, año en que entró en vigor el primer gran tratado de prohibición de pruebas nucleares, y después decayó.

balls-779573_640Con esta técnica se ha podido demostrar que el cristalino de los ojos no se renueva, ya que tiene una concentración más alta de carbono 14 en personas nacidas alrededor de 1963. Tampoco el esmalte dental se renueva. En cambio, el tejido muscular y el tejido graso sí se renuevan, ya que su concentración de carbono 14 no depende del año de nacimiento.

Lo que han hecho Michael Kjaer y su equipo ha sido extender esta técnica al cartílago. Concretamente, han analizando el cartílago de las rodillas de 23 personas -15 de las cuales tienen artrosis- nacidas entre 1935 y 1997.

LA ESTRUCTURA ES PERMANENTE. Según los resultados presentados en la revista Science Translational Medicine, el colágeno del cartílago de las rodillas es una estructura permanente que se forma al final de la infancia, alrededor de los diez años de edad. Así, la persona nacida en 1935 no tenía ni rastro del carbono 14 de las explosiones nucleares. En cambio, en las personas nacidas en los años 50 y principios de los 60, se observaron acumulaciones de carbono 14 que reproducían la curva de concentración del carbono 14 en la atmósfera procedente de los ensayos nucleares. Esto significa que el colágeno del cartílago se formó en aquella época y no se ha renovado desde entonces.

Un segundo resultado de interés es que las concentraciones de carbono 14 en el colágeno son las mismas en rodillas con artrosis que en rodillas sin artrosis. Si la artrosis favoreciera una remodelación del colágeno, como han propuesto algunos investigadores, entonces el colágeno de las articulaciones con artrosis sería más joven que el de las articulaciones sanas. Pero el carbono 14 demuestra que es igual de viejo. Por lo tanto, la artrosis no propicia una renovación del colágeno.

EL LUBRICANTE ES RENOVABLE. El cartílago, sin embargo, no está formado únicamente por colágeno. También contiene unas moléculas llamadas GAG (nombre completo: glicosoaminoglicanos). Si el colágeno es la armazón del cartílago, lo que le da forma, los GAG son el lubricante.

Cuando se analizan las cantidades de carbono 14 en los GAG de las articulaciones, ya no se observa el efecto de las bombas nucleares. No refleja las concentraciones de carbono 14 en la atmósfera cuando las personas estaban en edad de crecimiento, sino las concentraciones actuales. Por lo tanto, los GAG, a diferencia del colágeno, sí que se renuevan.

cartílagoMEJOR PREVENIR QUE REGENERAR. “El cartílago representa un reto clínico de gran magnitud por su escasa capacidad para regenerarse y por la alta prevalencia de la artrosis”, escriben los autores de la investigación en Science Translational Medicine.

La observación de que el colágeno es una estructura permanente que no se renueva durante la vida adulta explica, en su opinión, “los resultados pobres de los tratamientos que intentan trasplantar cartílago en articulaciones enfermas, o bien estimular la formación de cartílago con fármacos o con células madre”.

Antes que insistir en tratamientos experimentales de medicina regenerativa para la artrosis, los investigadores abogan por “diseñar terapias que protejan el colágeno que queda en el cartílago”, así como “terapias que apuntan a otras moléculas como los GAG, que pueden modificar de manera beneficiosa las propiedades mecánicas del cartílago”.

DOS CONSEJOS A LOS PACIENTES. Los investigadores también tienen dos consejos para los pacientes. “Algunas intervenciones, como la actividad física, pueden estimular la producción de GAG, y así el contenido en agua del cartílago o la liberación de sustancias potencialmente protectoras”. Por lo tanto, si una articulación tiene artrosis, no conviene tenerla inmóvil sino seguirla ejercitando.

Por otro lado, si el colágeno es para toda la vida, conviene no dañarlo. Y si los cartílagos de algunas articulaciones presentan signos de deterioro, como le ocurre a gran parte de la población a partir de la sexta o séptima década de vida, conviene no seguirlos castigando. Mejor tratar de limitar los daños cuando aún estamos a tiempo que seguir lesionando los cartílagos y favorecer la progresión de la artrosis.

 

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