¿Qué me pasa en las rodillas?

Suele empezar con molestias en las rodillas después de correr o de caminar distancias largas, o bien al realizar movimientos en que se flexionan las piernas como subir escaleras o levantarse de una butaca. Son molestias que aparecen con el ejercicio, o con el movimiento, y que después remiten, por lo que no se les suele dar importancia. También se puede tener una sensación de rigidez en las rodillas, a menudo después de levantarse a primera hora de la mañana, o una ligera limitación en la movilidad de la articulación. Problemas todos ellos que se sobrellevan sin dificultad.

Pero estos problemas aparentemente menores suelen ser los primeros avisos de una artrosis de rodilla, una enfermedad degenerativa de la articulación que progresa durante años y que puede acabar provocando con el tiempo una pérdida sustancial de calidad de vida. Un problema que parecía menor y que, si no se sabe identificar a tiempo y tomar las medidas preventivas adecuadas, acaba siendo importante.

Más importante de lo que parece

Una prueba de la importancia de la artrosis de rodilla es que es una de las cinco primeras causas de discapacidad en personas mayores de 65 años que no están ingresadas, según una investigación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston (EE.UU.). Su impacto es inferior al de los ictus y las depresiones, pero se equipara al de las enfermedades cardíacas y las fracturas de cadera.

Si tiene un impacto tan grande es porque afecta a un porcentaje elevado de la población. Y también porque tanto las autoridades sanitarias como la mayoría de los médicos y la mayoría de los pacientes afectados han subestimado su importancia.

Tienen artrosis de rodilla entre un 10% y un 20% de los personas mayores de 50 años (los porcentajes varían según los estudios). Hay más casos entre mujeres que en hombres en una proporción de seis a cuatro. Más casos en personas con sobrepeso u obesidad que en personas delgadas. Más casos en personas sedentarias que en personas que llevan una vida activa. Y más casos entre ancianos que entre adultos jóvenes. Pero, aunque es infrecuente que se manifieste antes de los 50 años, se dan casos en que los primeros síntomas aparecen alrededor de los 30, sobre todo en personas que practican de manera intensa deportes agresivos para las articulaciones.

Todo empieza en el cartílago

Para evitar que la artrosis cause estragos en la rodilla, o por lo menos para retrasar su progresión, es útil comprender qué ocurre en una rodilla afectada.

Se trata de una enfermedad que se inicia en el cartílago y que acaba afectando a toda la articulación. El cartílago tiene la misión de proteger la articulación. Actúa como un amortiguador que absorbe la energía de los impactos a cada paso y a cada salto.

En la artrosis, el protector queda desprotegido. El cartílago empieza a desgastarse y pierde capacidad de amortiguar los impactos, con lo cual el propio cartílago recibe impactos mayores y se desgasta más. A diferencia de otros tejidos que tienen una gran capacidad de regenerarse cuando sufren daños -como la piel, los músculos o el hígado-, el cartílago es irreparable. Una vez se inicia la artrosis, no hay vuelta atrás. Los tratamientos actuales pueden frenar la progresión de la artrosis, pero no revertirla.

Con el cartílago deteriorado, el fémur impacta directamente sobre la parte interior de la rótula o, más raramente, sobre la tibia. Las fuerzas del impacto ya no se distribuyen de manera equilibrada en la articulación, sino que inciden más en unas zonas que en otras. Esto acelera aún más la pérdida de cartílago y provoca la formación de nuevo tejido óseo, como si se formaran callos de hueso en el interior de la articulación. Todo ello se acompaña de una inflamación de la articulación, que resulta dolorosa; y puede acabar deformando la propia articulación, lo cual limitará su movilidad.

Además del hueso, no es raro que se vean afectadas también otras estructuras como los meniscos o los ligamentos cruzados, que suelen estar dañados en casos avanzados de artrosis de rodilla.

Más vale prevenir

Para evitar llegar a este extremo, conviene no perder de vista que la enfermedad se inicia en el cartílago: cuanto más se destruya el cartílago, más se deteriorará la articulación. Por lo tanto, todo lo que se pueda hacer para preservar el cartílago ayudará a prevenir la aparición de la artrosis o a frenar su progresión.

Lo primero es mantener la articulación activa. Una actividad física poco agresiva para las rodillas nutre los tejidos de la articulación y ayuda a mantenerlos sanos. Por eso las personas sedentarias tienen más riesgo de sufrir artrosis de rodilla que las personas físicamente activas.

Sin embargo, aquellos ejercicios que someten la articulación de la rodilla a impactos agresivos pueden agravar la artrosis en lugar de prevenirla. Por ejemplo, fútbol, básquet, tenis o atletismo no son los deportes más recomendables en personas que tienen artrosis de rodilla. En cambio, ejercitarse con la elíptica, hacer marcha nórdica o simplemente caminar ayuda a proteger la articulación. Para una explicación más detalladas sobre los ejercicios más adecuados en casos de artrosis, pueden consultar el post “Doctor, ¿puedo seguir practicando deporte?”.

Finalmente, la recomendación más importante que suelen hacer los médicos en casos de artrosis de rodilla es perder peso. Dado que el peso del cuerpo repercute sobre la articulación de la rodilla a cada paso, cada kilo de más supone una carga adicional para el cartílago. Esta es la razón por la que un exceso de peso acelera la progresión de la artrosis, mientras que adelgazar ayuda a frenarla. Para informarse sobre las estrategias más eficaces para perder peso, pueden consultar el post “La mejor manera de perder peso”.

 

 

 

 

 

Autor: Josep Corbella (Periodista científico de La Vanguardia)

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  • 24 Comentarios en "¿Qué me pasa en las rodillas?"

    1. begoña

      Hola, tengo acabo de cumplir 54 años y llevo un año padeciendo dolores de rodilla, primero solo en la izquierda y con el transcurso de los meses en las dos.
      Me agaché a quitar un enchufe de la pared notando un dolor leve en la rodilla izquierda, hasta hoy en el que los dolores en las dos rodillas son constantes e importantes.
      En este tiempo me han diagnosticado (tras 2 resonancias magnéticas) una condropatía rotuliana degenerativa grado II-III. Los traumatólogos que me vieron me dijeron que tenía que aguantarme (literal) porque sufría un desgaste muy importante de cartílago (artrosis) y no tenía remedio. Uno de los traumatólogos me hizo una condroplastia en la rodilla izquierda (la más afectada) y posteriormente me infiltró ácido hialurónico, no obteniendo ningún avance positivo en la enfermedad.
      Ningún traumatólogo me remitió a reumatólogo alguno. Fui por mi cuenta a varios, dos de los cuales únicamente me dieron sendas hojas de ejercicios y ya está. Un tercero me dijo que reunía las características adecuadas para someterme al tratamiento de factores de crecimiento. Me han hecho 3 infiltraciones, 1 por semana, y posteriormente he esperado 3 meses para ver resultados. Estos han sido negativos. En estos días iré a consulta para contarle al médico que sigo igual.
      Por último, indicarles que siempre he estado delgada, he cuidado mucho mi alimentación y nunca he hecho deportes en los que haya sobrecargado mis rodillas. Tampoco he hecho vida sedentaria. Eso sí, mi madre ha padecido artrosis de rodilla desde los cincuenta y tantos años.
      Mi pregunta es ¿qué recomendaciones me darían para evitar, en la medida de lo posible, el avance de la enfermedad?. He de decirles que camino todos los días media hora larga, calzo zapatos y zapatillas adecuadas, bebo 2 l de agua diarios, como sano, etc… Y la última pregunta ¿qué otros tratamientos, aparte del indicado (infiltración de plasma rico en plaquetas), podrían ayudarme?.
      Muchas gracias.
      PD ¿existe en Madrid alguna Asociación de enfermos de artrosis? He investigado y no encuentro ninguna.

      20 febrero, 2016, 11:03

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