Operarse o no operarse, esa es la cuestión

fuente: abc.es

Las dos intervenciones quirúrgicas a las que se ha sometido este año el Rey Juan Carlos para implantarse prótesis de cadera, y el resultado exitoso de ambas intervenciones anunciado por la Casa Real, pueden llevar a pensar que la cirugía es la mejor opción para resolver los problemas de la artrosis. Sin embargo, la cirugía “es un último recurso que debe reservarse para los casos en que las otras opciones de tratamiento no funcionan”, advierte el traumatólogo Jordi Ardèvol, de la clínica Asepeyo en Sant Cugat.

Cuándo está justificada la cirugía

Antes de recurrir a la cirugía, es conveniente agotar los tratamientos convencionales para contener el dolor y conservar la movilidad de las articulaciones afectadas. Estos tratamientos suelen consistir en fármacos y pueden complementarse con otras técnicas como la fisioterapia. Asimismo, es conveniente haber cumplido las recomendaciones habituales para frenar la progresión de la enfermedad como controlar el peso y ejercitar las articulaciones sin abusar de ellas. En aquellos casos en que las recomendaciones y los tratamientos convencionales no son suficientes para contener el dolor y para que el paciente pueda seguir haciendo sus actividades habituales está justificado el tratamiento quirúrgico.

La cirugía suele consistir en implantar prótesis. Pero también hay intervenciones para personas con artrosis que no consisten en implantar prótesis sino en modificar la articulación para reducir las sobrecargas. Por ejemplo, en casos de artrosis de rótula en que el resto de la rodilla aún está sano, se puede adelantar un poco la rótula para aliviar la sobrecarga sobre el fémur. O en casos incipientes de artrosis de cadera, se puede rebajar la irregularidad del cuello del fémur por artroscopia.

Una intervención importante

Implantar una prótesis en una articulación con artrosis no es una operación menor. La intervención suele durar entre 60 y 90 minutos -aunque en casos complicados puede alargarse varias horas- y suele hacerse con anestesia de cintura para abajo. Se trata de una intervención cruenta en la que es preciso controlar la coagulación de la sangre, así como el riesgo de infecciones, y en la que hay que tener prevista una reserva de sangre por si es necesario realizar una transfusión. El riesgo de hemorragia no se limita al momento de la intervención, sino que sigue siendo relativamente elevado en las 48 horas siguientes, por lo que es habitual que los pacientes permanezcan varios días hospitalizados tras salir del quirófano.

A qué edad operarse

Las prótesis de rodilla y cadera tienen una duración limitada, que suele ser de alrededor de diez años. Por lo tanto, si se implanta una prótesis a una persona relativamente joven, es probable que se tenga que acabar cambiando. Lo cual es un problema porque “cambiar una prótesis es más complejo y tiene más riesgos que implantarla por primera vez”, advierte el reumatólogo Jordi Monfort, del hospital del Mar de Barcelona. Además,  los pacientes tienen una salud más frágil porque son diez años mayores. Por otro lado, añade Monfort, “si dejamos la intervención para más adelante, perdemos calidad de vida ahora”.

Reconociendo que “es un equilibrio difícil”, Monfort aconseja valorar cada caso de manera individualizada teniendo en cuenta la situación y las expectativas vitales de cada paciente. Como norma general, desaconseja implantar prótesis en personas menores de 65 años, “excepto en casos muy concretos y muy meditados”, porque “les expondremos a una situación en que no les bastará con la prótesis inicial ni con el primer recambio, sino que acabarán necesitando recambios de recambios”.

Qué esperar después

Una persona a la que se ha implantado una prótesis de cadera o de rodilla notará cómo recupera movilidad en la articulación dañada, cómo remite el dolor en reposo, cómo desaparece la inflamación y cómo puede volver a hacer actividades a las que se había visto obligado a renunciar. “Pero esto no significa que pueda hacer de todo”, advierte Jordi Ardèvol. “Tiene que modular sus expectativas y ser consciente de que la prótesis tiene una resistencia limitada”. Por lo tanto, le convendrá evitar todo aquello que pueda provocar un desgaste prematuro de la prótesis como cargar con un exceso de peso o practicar deportes agresivos para la articulación afectada. “A mis pacientes les insisto en esto –explica Ardèvol-. Cuando les doy el alta después de implantar una prótesis, les digo: ‘disfrútela, pero cuídela’”.

Autor: Josep Corbella (Periodista científico de La Vanguardia)

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