Perder peso para ganar calidad de vida

Autor: Josep Corbella (Periodista científico de La Vanguardia)

Si el médico le ha recomendado que intente perder peso pero usted piensa que no vale la pena, que es demasiado sacrificio para poco beneficio, investigadores de la Universidad Wake Forest en Estados Unidos han presentado un estudio que tal vez le haga cambiar de opinión. Sus resultados demuestran que los sacrificios que se hacen para perder peso no merman la calidad de vida. Al contrario, la calidad de vida aumenta a medida que el peso baja. Demuestran, por otro lado, que incluso una pérdida de peso moderada supone una mejora significativa y que no es necesario obsesionarse con el objetivo imposible de conseguir un peso ideal.

En el estudio, presentado en la revista JAMA de la Asociación Médica Americana, han  participado 454 personas con artrosis de rodilla. Todas ellas tenían sobrepeso u obesidad. Los investigadores las dividieron en tres grupos. A unas les pidieron que hicieran una hora de ejercicio moderado tres veces por semana para aumentar el gasto de calorías. A otras, que siguieran una dieta para reducir la ingesta de calorías. A las del tercer grupo, que hicieran las dos cosas a la vez: dieta más ejercicio.

A los médicos que realizaron el estudio no les interesaba una pérdida de peso rápida de efectos inmediatos pero transitorios. “Queremos ayudar a las personas a cambiar su conducta a largo plazo, de modo que lo mantengan durante el resto de su vida”, explica Stephen Messier, primer autor del trabajo. Por ello, esperaron hasta un año y medio para analizar los resultados desde que los participantes empezaron a hacer dieta y/o ejercicio.

Un primer resultado alentador fue que el 88% de las personas llegaron hasta el final del estudio, lo que demuestra que lo que les pedían los médicos no era un sacrificio intolerable. El 12% que abandonó se repartió a partes iguales entre los tres grupos.

belly-2473_640Los que consiguieron una mayor pérdida de peso fueron los que combinaron dieta y ejercicio. Su peso medio se redujo de 93 kilos a 82,4, lo que supone una reducción del 11,4%. Los que sólo hicieron dieta perdieron un 9,6%. Y los que sólo hicieron ejercicio, un 1,8% -aunque hay que tener en cuenta que el ejercicio era moderado: sólo consistía en caminar, en actividades de fuerza muscular y en unos minutos de estiramientos-.

Un detalle importante es que la pérdida de peso se consiguió en los primeros seis meses y se mantuvo después durante un año, lo que demuestra que el programa de dieta y ejercicio propuesto en el estudio permite un adelgazamiento sostenible a largo plazo.

Pero los resultados más positivos fueron los beneficios derivados de la pérdida de peso. Se redujo la inflamación en la rodilla. Se alivió la sensación de dolor. Mejoró la movilidad de la articulación. Aumentó cerca de un 10% la velocidad de la marcha, que pasó de 4,3 a4,8 kilómetros por hora en el grupo de dieta más ejercicio. Y mejoró la calidad de vida de los participantes en el estudio, que se evaluó por medio de un cuestionario.

Un estudio anterior del equipo de la Universidad Wake Forest había detectado que una reducción de peso del 5%, si se consigue mantener a largo plazo, ya es suficiente para mejorar la salud y el bienestar. Pero las mejoras registradas ahora con una pérdida de peso del 10% son más notables.

Por lo tanto, una reducción de peso moderada, sin pretender conseguir un peso ideal, ha demostrado ser una estrategia eficaz para reducir el sufrimiento de la artrosis. Porque, según recuerdan los investigadores en JAMA, “la artrosis de rodilla es la causa más frecuente de merma de calidad de vida” en personas mayores.

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