Reparar los cartílagos, nueva esperanza contra la artrosis

Autor: Josep Corbella (Periodista científico de La Vanguardia)

La destrucción del cartílago es el daño más importante en una articulación con artrosis. Se estropea el cartílago y, a partir de ahí, se deteriora toda la articulación, lo que lleva a los síntomas característicos de dolor y pérdida de movilidad. Los médicos suelen verlo como un daño  progresivo e irreversible. Según la visión clásica, una vez iniciada la artrosis, no hay vuelta atrás. Pero tres nuevos estudios presentados en el Congeso de la Sociedad Internacional para la Investigación de la Artrosis (OARSI) que se ha celebrado en Seattle (EE.UU.) aportan una visión distinta y más esperanzadora. Los cartílagos, por lo menos en las fases iniciales de la enfermedad, se pueden regenerar.

¿Qué es el cartílago?

121026010El cartílago es un tejido peculiar. Más flexible que el hueso pero más rígido que el músculo, puede deformarse sin romperse y recuperar su forma original. Los ingenieros dicen que tiene propiedades viscoelásticas. Un filósofo oriental diría más bien que es como la caña de bambú, venerada por su extraordinaria capacidad de doblarse sin romperse y después volver a erguirse. Tenemos cartílago en todos aquellos órganos que, como el bambú, deben ser lo bastante rígidos para mantener una estructura y lo bastante flexibles para adaptarse al movimiento. Lo tenemos entre las vértebras, entre las costillas, en la tráquea y hasta en las orejas. Y también, por supuesto, en las articulaciones, donde facilita un movimiento fluido y ayuda a amortiguar los impactos, por ejemplo en las rodillas y en las caderas cuando caminamos o saltamos.

A diferencia de otros tejidos de nuestro cuerpo, al cartílago no le llega sangre. Lo cual es una ventaja porque permite que las articulaciones sigan funcionando correctamente sin verse afectadas por los cambios bruscos que se producen a veces en la sangre, por ejemplo, en caso de fiebre. Pero tiene el inconveniente de que, cuando sufre un daño, no le llegan los factores de crecimiento y otras moléculas que le permitirían repararse con rapidez.

Los nuevos resultados

Un estudio de la Universidad de Tasmania (Australia) presentado en el congreso de Seattle ha detectado, sin embargo, que los cartílagos de la rodilla pueden regenerarse cuando los daños son leves. En el estudio han participado 215 voluntarios que tenían una media de edad de 45 años, la mitad de ellos con antecedentes familiares de artrosis, y a los que se examinaron las rodillas con resonancia magnética. A cuatro de cada diez se les encontraron daños en los cartílagos, aunque eran incipientes y aún no les dolían. Diez años más tarde, un 26% había empeorado, un 13% había mejorado y el 61% restante permanecía estable. Por lo tanto, “los defectos en el cartílago tienen capacidad de reparación”, declaró Hussain Khan, primer autor del estudio.

La pregunta siguiente, naturalmente, es qué podemos hacer para repararlos. Otros dos estudios presentados en Seattle aportan unas primeras respuestas. Un equipo de la Universidad del Oeste de Ontario (Canadá) ha identificado una molécula, llamada Mig-6, que parece tener una responsabilidad importante en la progresión de la artrosis. En experimentos con ratones, los investigadores han observado que, cuando se inactiva esta molécula,  las células del cartílago (o condrocitos) recuperan la capacidad de renovarse y el grosor del cartílago vuelve a aumentar.

Otro equipo del Instituto de Investigación William Harvey de Londres (Reino Unido) ha identificado otra molécula, llamada agrina, que tiene un efecto contrario a Mig-6. En lugar de ser perjudicial para el cartílago, es beneficiosa. También en experimento con ratones, se ha descubierto que un tratamiento con agrina favorece la formación de condrocitos y la regeneración del cartílago.

Mirando al futuro

Ninguno de estos tratamientos está aún a punto para utilizarse en personas. Antes, habrá que desarrollar fármacos adecuados para la especie humana; demostrar en ensayos clínicos que son eficaces; demostrar que no tienen efectos secundarios intolerables; determinar cuál es la dosis más adecuada y la mejor manera de administrarlos; y obtener el visto bueno de las autoridades sanitarias para comercializarlos. Todo ello puede requerir, si no surgen obstáculos imprevistos y retrasos, alrededor de diez años.

Le pregunté a Virginia Kraus, presidenta de la Oarsi y reumatóloga de la Universidad Duke de Durham (EE.UU.), si no le resultaba frustrante que la espera fuera tan larga. Prefirió ver el vaso medio lleno. “Por primera vez, tenemos esperanzas de llegar a curar la artrosis”, contestó.  “No sólo de frenar el ritmo al que avanza como hacemos ahora, sino de conseguir que dé marcha atrás y reparar los tejidos que estaban dañados. Nunca habíamos estado tan cerca de conseguirlo”.

La doctora Kraus se mostró preocupada por las personas que sufren los daños de la artrosis en la actualidad. Pero se quedó con la parte positiva de la noticia: el dogma de que los cartílagos no se pueden reparar ha caído y por fin se han empezado a identificar moléculas para regenerar los condrocitos.

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