Artrosis en el Antiguo Egipto: una lección para el siglo XXI

Autor: Josep Corbella (Periodista científico de La Vanguardia)

Muchos de los obreros y artesanos que trabajaron en las tumbas del Valle de los Reyes en el Antiguo Egipto, hace unos 3.500 años, sufrieron artrosis en las rodillas o los tobillos. El descubrimiento, realizado por la egiptóloga y osteóloga Anne Austin, de la Universidad de Stanford (EE.UU.), es un recordatorio de que la artrosis es un trastorno relacionado con el estilo de vida: cuanto más castigamos las articulaciones, más probable es que tengamos artrosis. Pero, si las cuidamos, las podemos conservar en buen estado o por lo menos frenar su deterioro.

La arqueóloga forense. Anne Austin, formada como arqueóloga en las universidades de Harvard y de California en Los Angeles (UCLA), se ha especializado en investigar enfermedades del pasado a partir de restos óseos.  Esto la ha llevado a estudiar los restos de las tumbas de Deir el-Medina, el pueblo en el que vivían los trabajadores del Valle de los Reyes, en lo que hoy día es la ciudad de Lúxor. Pese a lo mucho que se ha investigado y descubierto sobre el Valle de los Reyes, donde fueron enterrados la mayoría de faraones del Imperio Nuevo, hasta ahora se había prestado poca atención a los restos de los obreros que trabajaron allí y de sus familiares.

Stanford post doctorial scholar Anne Austin examines the skeletal remains of ancient Egyptians found in the burial sites of Deir el-Medina. Photo credit: Anne Austin

Austin ha analizado una amplia muestra de huesos de Deir el-Medina y ha estimado la edad a la que murió cada persona, si era hombre o mujer y si tenía alguna enfermedad osteoarticular. Tal como esperaba, algunos de los huesos mostraban signos claros de artrosis. Son signos que otros arqueólogos han encontrado ya en diferentes yacimientos. En España, por ejemplo, se han encontrado -entre otros- restos con alteraciones características de la artrosis de cadera en la necrópolis de Francolí (Tarragona); con artrosis de rodilla, en Sant Sebastià de Baga (Barcelona); o con artrosis temporo-mandibular, en Santa María de Calatañazor (Soria).

Incluso entre los neandertales se han encontrado fósiles con signos claros de artrosis. El caso más conocido es el de un hombre de edad avanzada hallado en la cueva de la Chapelle-aux-Saints, en Francia, que hace 60.000 años ya tenía artrosis en la espalda y la cadera.

Un hallazgo sorprendente. Con estos antecedentes, a Anne Austin no le extrañó que algunos de los restos de Deir el-Medina presentaran también signos de artrosis. Lo que no esperaba es que estos signos fueran más comunes en los huesos masculinos que en los femeninos, ya que las mujeres suelen tener un riesgo más alto de desarrollar artrosis que los hombres.

En busca de una explicación, buscó datos sobre el estilo de vida de los habitantes de Deir el-Medina. Examinó 42 documentos administrativos antiguos con registros sobre las jornadas de trabajo de los trabajadores del Valle de los Reyes.

El camino al Valle de los Reyes. Según los resultados de la investigación presentados en el International Journal of Osteoarcheology, las mujeres se quedaban en el pueblo mientras los hombres iban a trabajar a la necrópolis del Valle de los Reyes. Estos debían ascender primero a las colinas de Tebas, donde se encontraban las chozas de piedra en las que solían pasar las noches, y bajar después hacia la necrópolis.

Aunque el trayecto no era largo, era empinado, con 151 metros de desnivel entre el pueblo y las chozas y otros 93 metros entre las chozas y el valle. El aparato locomotor humano, que evolucionó en las llanuras de la sabana, no se diseñó para superar de manera repetida estos desniveles. Hoy día podemos hacerlo con el calzado y la protección adecuados, pero los obreros y artesanos del Antiguo Egipto tenían un calzado que hoy nos parecería precario, de modo que el impacto de cada paso repercutía en las articulaciones de los tobillos, las rodillas, la cadera y la columna.

Según los cálculos de Anne Austin, cada obrero y artesano bajaban al Valle de los Reyes una media de 161 días al año a lo largo de entre 25 y 35 años. Lo cual explica que, al final de sus vidas, muchos de ellos tuvieran las articulaciones dañadas.

Una enseñanza para el presente. Si alguna lección podemos extraer de esta historia, es que nuestras articulaciones soportan mal que las maltratemos. Pueden llevarnos lejos si las cuidamos, pero se rebelan ante los excesos. Por supuesto, a todos nos gustaría tener un cuerpo de titanio, capaz de correr, saltar y bailar sin límite. Pero, como lo tenemos de carne y hueso, ante las primeras quejas de las rodillas o las caderas, lo mejor es establecer con ellas un pacto de no agresión: cuanto menos las castiguemos, menos nos molestarán.

Stanford post doctorial scholar Anne Austin examines the skeletal remains of ancient Egyptians found in the burial sites of Deir el-Medina. Photo credit: Anne Austin

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